Análisis y reseñas

Crypt of the Necrodancer: Burn baby, burn…

   

Trato de ponerme en la piel de un publisher al que presentan un proyecto de la siguiente manera:

    – Hola, señor Activision / Square-Enix / EA …

    – ¡Hola jovencito! Pasa, pasa, háblanos del juego en el que estás trabajando. ¿Quieres un té con galletas?

    – No, no se preocupe, ya me he tomado el Cola-Cao en casa…Te-te-tengo tengo un juego que creo que lo va a petar…

    – A ver a ver, cuéntame, explícanos tu proyecto y veremos en qué te podemos ayudar.

    – Es una mezcla de rogue-like y juego de baile en el que…


Fuera de mi propiedad!

   

Seguramente la historia no fue exactamente así para la gente de Brace Yourself Games, pero no es de extrañar que la publicación de Crypt of the Necrodancer fuera realizada conjuntamente con Kiel Entertainment (Don’t Starve, Mark of the ninja) en vez de un publisher tradicional. La idea de este juego era tan chiflada que pocos, más allá de su diseñador Ryan Clark, podrían haber confiado en él de buenas a primeras. Esta es la grandeza de los indies, que en ocasiones pueden asumir un salto al vacío aunque al fondo no haya más que un catre de púas afiladas.

    El tema es que desde que Crypt of the Necrodancer entró en Early Access se pudo comprobar que la chifladura tenía todo el sentido y que su diseño estaba tan pensado y reflexionado que era absolutamente redondo: macerar el dungeon crawler por turnos de toda la vida en una emulsión al compás de la música electrónica como si de un Beatmania se tratara. Esto obliga al jugador a mantener su atención a los “beats” mientras vigila el comportamiento de los enemigos, que se mueven por las mazmorras al ritmo de la música y otorga un componente de habilidad a un género que en ocasiones no es del todo justo con el jugador.


 

  

Y es acojonante lo bien que funciona esta aparentemente heterogénea fusión de géneros. Las primeras partidas resultan ligeramente desconcertantes hasta que nos hacemos con el control, gestionamos el comportamiento de los enemigos y aprendemos a utilizar artefactos como bombas o hechizos. Las primeras muertes van llegando y, al contrario que otros rogue-like, utilizamos lo que hemos recolectado para desbloquear armaduras, armas y otros objetos que nos ayudarán en adelante. En un abrir y cerrar de ojos (el tiempo pasa volando mientras lo juegas) llegamos al jefe final de la mazmorra y logramos darle matarile. Y ahora a por la siguiente catacumba, generada de forma procedimental a cada muerte de nuestro personaje. Es un juego exigente, pero no penaliza tanto las muertes como Nuclear Throne u otros exponentes hardcore del género.


    Una banda sonora estupenda de estilo chiptune (créditos para Danny Baranowsky) y con posibilidad de importar pistas propias, una buena variedad de personajes y, sobretodo, la capacidad de enganche y diversión de proporciones épicas es lo que nos ofrece Crypt of the Necrodancer. Y no nos olvidemos de que podemos conectar una alfombra de baile para jugar como un auténtico Tony Manero de las mazmorras. Con todo, estamos seguramente ante uno de los diseños más brillantes  de los últimos años. Nunca es tarde para descubrirlo, y más cuando ya cuenta con una expansión en forma de DLC, y además podemos comprarlo a buen precio en bundles y temporadas de ofertas de Steam (alrededor de 3€ su versión original en las rebajas).

[9/10]

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